Dios, en su amor y misericordia, permite que los desastres azoten la tierra para advertir a todos los que oyen, que Jesús vuelve pronto, que es tiempo de estar preparados. Él ama tanto a sus hijos que no desea que su Reino Nuevo pase inadvertido. Él sabe que a la humanidad le cuesta oír y que se requieren ciertos desastres para captar su atención. Estos desastres son una especie de cuenta regresiva, demasiado doloroso para ignorar, permitidas por Dios para establecer el escenario de los últimos tiempos. Estos dolores de parto serán más frecuentes e intensos cuanto más nos acerquemos a la hora final. “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:28).
¿Suena aterrador? ¿Es la verdad, algo aterrador? ¿Es realmente posible que el fin del mundo esté a las puertas? ¿Es éste el punto preciso de la historia que todos los profetas de la Biblia predijeron que vendría? ¿Podría acaso el cristiano más devoto entender cuán terriblemente cerca está la Tierra de llegar a la medianoche? Una cosa es segura: Todo parece estar desmoronándose, al menos, como lo puede discernir un ojo natural.
Querido amigo, escuche lo que el Espíritu Santo me habló respecto a estos días. Solamente cinco pequeñas palabras, pero tan poderosas que despertaron en mí una nueva y gloriosa esperanza y fe. Esas cinco pequeñas palabras son: Dios tiene todo bajo control. Si usted confía en Dios, puede ver todo desastre delante de su rostro y proclamar con confianza: “Mi Dios esta hablándole a este universo y su poder está siendo demostrado. Estaré quieto y veré la salvación del Señor”.
Dios tiene todo bajo control, y nosotros estamos bajo su control. El mensaje de Dios para esta hora es: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7), ("porque no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino de poder, de amor y de exhortación", texto de la Biblia Peshitta en español*)
Texto tomado de las palabras de David Wilkerson escritas en su devocional por internet.
Si deseas recibir estos devocionales en tu correo, dá click aqui: http://devotional.davidwilkersonglobal.org/
su página la puedes visitar dando click aqui mismo, en las páginas de edificación: worldchallenge pulpit series newsletters.
* texto bíblico añadido por los autores de este blog.
20 de mayo de 2010
¿Puedo estar sola con mi novio?

Te gusta tanto tu novio, te encanta que te abrace y te bese, un día se quedan totalmente solos...
Cuándo estás sola con tu novio, hay voces gritando en tu cabeza, las voces de predicadores que has escuchado, recordándote de enfermedades, de fornicación, las voces de tus líderes hablando de las consecuencias (aborto, embarazo, destrucción de vida) la voz de tu Pastor hablando de pecado, de consecuencias matrimoniales, las voces de tus padres diciéndote que te aman, que desean con todo su corazón que te guardes, que seas féliz e incluso escuchas la voz de tu corazón gritándo débilmente que esto no esta bien... pero todas esas voces son apagadas por dos voces que gritan aún más fuerte que todas ellas juntas y esas voces son las de tu alma y la de tu cuerpo, gritando "¡yo quiero sentir!, ¡yo solo quiero sentir!" . En ese momento de nada sirven los versículos ni las reprensiones, este deseo de sentir va más allá de tu voluntad, y creeme, va a ser muy difícil que lo venzas.
Posiblemente la primera vez se detengan (por alguna razón) pero la segunda va a ser más difícil y seguramente a la tercera ya no haya un retorno.
Cuando le entregues tu corazón a Dios y le ames con todas tus fuerzas, ese amor te va a llevar a querer agradarle, a mantenerte en pureza, a esperar la bendición de El y a huir de toda tentación (2 Timoteo 2:22). No es lo que escuches, ni lo que te digan ni ninguna influencia de nadie, solamente el amor a Dios te va a sostener.
Jovencita, no subestimes el poder que una imagen y un toque tienen sobre los chicos.
A ti te encantan sus besos, sus caricias, que te toque y abrace, lo disfrutas tanto como se podría disfrutar un helado en cono con chocolate adentro, como decir "me como solo la bolita de arriba y dejo el cono con lo más sabroso para después (tipo cornetto) y realmente es así, para ti no hay problema, pero sabe esto, el cuerpo de un chico, con el primer beso profundo, ¡está listo para comerse el helado completo! creeme no va a conformarse con lamiditas a la bolita de helado, porque aunque quiera resistirse, su cuerpo le grita con toda su fuerza "¡¡quiero sentir!!".
No seamos tan espirituales como para decir "somos cristianos, no pasa nada" si, somos cristianos pero estamos en cuerpos de carne y esta carne muchas veces no solo quiere sino que se rebela con sus 6 letras completas (1 Pedro 2:11, Romanos 7:17-25)
No confies en ti misma ni en tu novio, cuando dependemos totalmente de Dios corremos a los brazos de papá, cuando algo te asuste o no sepas qe hacer, huye y no des ningún tipo de oportunidad. Huye de quedarte totalmente a solas con él (tu novio o amigo), huye de los besos profundos, huye de las caricias prolongadas, huye de los pensamientos e imágenes románticas, huye de precipitar un noviazgo cuado todavía no lo conoces como amigo, huye de precipitar una boda cuando todavía no lo conoces como novio, huye, huye cuando escuches la voz gritar "¡quiero sentir!" corre, corre y no pares hasta encontrar los brazos de papá... "¿qué dirán? ¿qué pensará de mí?" que sea lo último que te preocupe, declarate totalmente dependiente de Dios y El en su tiempo derramará una bendición tan grande que llenará tu corazón y tu vida de gozo, de un gran gozo, porque podrás decir "yo huí, yo corrí y me refugié en los brazos de papá, porque yo creí que El era el único que podía sostenerme, no quise ofenderle y El ahora me ha dado una grande bendición" (Salmo 37:4)
¿Sabes cuándo podrás decir esto? el día siguiente después de tu boda, porque decidiste obedecer y solo escuchar su voz diciéndote "ven a mí".
No hay mejor y mayor sentir que en el matrimonio, no existe mejor disfrute que cuando estás con el esposo que Dios te ha dado, sin prisas, sin culpas, sin remordimientos, sin temores y sobre todo con amor, un amor que irá creciendo como los árboles junto a los rios.
Puedes leer la historia de un joven que huyó, a pesar de todo, su corazón fué solo para Dios.
Esta historia está en Génesis 39
La fé de la mujer cananea

Hay una historia en la Biblia que nos habla de una mujer que vivía en la región de Tiro y de Sidón (perteneciente al reino de Fenicia, hoy El Líbano) en los límites de la tierra de Israel. Esta mujer era cananea, extranjera *. Jesús llega a esta región desde Genesaret en donde había hablado acerca de lo que contamina al hombre (Mateo 15:17-20) y permite el encuentro entre El y una mujer que representaba a un pueblo en donde los hombres se habían contaminado en gran manera y cuya contaminación alcanzó al pueblo de Israel.
En esta historia, que se encuentra en Mateo 15:21 al 28, podemos encontrar puntos importantes:
1. Esta mujer "clamaba" (pedir vehementemente o a gritos, según el Diccionario de la Lengua Española) el clamor involucra un gran sufrimiento y ella sufría al ver la condición de su hija. (v 22)
2. Le llama "Hijo de David", posiblemente ella escuchó que así le llamaban al Maestro y le pide misericordia. (v 22)
3. Jesús no le responde, pero ella siguó clamando... siguió clamando. Ella siguió viendo a Jesús, esperando alguna reacción; no hizo caso de la molestia ni de las voces de los discípulos que seguramente la volteaban a ver y le hacían señas de que se fuera (Mateo 19:13), de que se callara; pero ella tan no les hizo caso que fueron con Jesús y le pidieron que El la despidiera; aún no conocían bien al Maestro, ¿qué esperaban? (v 23)
4. El Señor Jesús responde, pero no por molestia, ni para pedirle que se fuera, ni para darle gusto a los discípulos. El responde para tratar con ella, ella tenía que entender su condición y al entenderla ¿seguiría adelante? (v 24)
5. ¡Y vaya que lo entendió! lo entendió y reconoció su condición, en ese momento, al escucharlo, entendió que quienes le llamaban "Hijo de David" pertenecían a Su Pueblo, a su pueblo especial escogido por El, y ella no pertenecía a ese pueblo; pero ella solo sabía una cosa... corre a El.
Se postra ante El y ahora lo llama Señor (v 25)
6. Muy bien, ya reconociste tu condición, ahora entiendes que no perteneces a este pueblo amado, que no eres hija...
7. ¡Si Señor!, yo reconozco mi condición, no soy hija, soy como un perrillo que espera unas migajas, (Gn 9:25) pero solo sé algo, yo solo sé que tú eres el único que puede hacerlo, solo sé que he pasado tantos días y tantas noches llorando y sufriendo por mi hija y queriendo yo estar en su lugar, yo solo sé que al escuchar de ti, supe que podías sanarla, que tu eres el único que puede hacerlo; no pertenezco a este pueblo, pero sé con todas mis fuerzas que solo tú puedes ayudarme y socorrerme. (v 27)
8. Puedo imaginar la mirada de Jesús cuando vió tan grande fé en los ojos de esta mujer... ella le pudo haber dicho y pedido tanto, pero El conoce todas las cosas, El sabía de su sufrimiento, de su dolor y desesperación, El sabía de sus lagrimas y del deseo de su corazón, El sabía que lo único que ella quería era que su hijita fuera sana y libre del tormento.
9. La fé agrada a Dios y El nunca rechazará a un corazón contrito y humillado (Salmos 34:18 y 51:17) El siempre se acercará. Y El cumplió el deseo de su corazón (v 28)
Amiga que has leido esto, tu has clamado por muchos años, con muchas lagrimas y dolor, pero ahora como esta mujer cananea puedes reconocer tu situación, no eres hija, no perteneces al Pueblo de Dios (Romanos 3:9-12 y 23, Juan 1:11-13, Romanos 9:25 y 26) su Palabra dice: "el que ha mi viene no le echo fuera" (Juan 6:37) y El te puede responder como le respondió a esta mujer. ¿Quieres ser parte de este pueblo de Dios?, observa los videos en este blog "El evangelio verdadero" y permite que Dios te hable
* Un poco de historia para entender mejor el contexto de este pasaje.
Los cananeos son descendientes de Cam, el segundo hijo de Noé. Esta descendencia se mezcló con diferentes pueblos, principalmente los fenicios.
Era un pueblo idólatra (Exodo 23:23-24, Exodo 34:11-16) sus principales dioses eran Baal y Astarot o Asera. Dios le entregó al pueblo de Israel la tierra que ellos poseían y les ordenó destruirlos por completo a causa de su maldad (desenfreno sexual, sacrificios humanos, abominaciones, ver: http://www.contra-mundum.org/castellano/perks/BaalWorship.pdf) y para proteger al pueblo de Israel por su gran amor (Deutoronomio 7:1-9)
A pesar de la desobediencia del pueblo de Dios (Josué 7:11,12) El estaba con Josué y éste conquistó sus tierras (Josué 11:23) y fueron repartidas (Josué 14:1).
La tierra de los cananeos le tocó a la tribu de Manasés, éstos permitieron que los cananeos habitaran con ellos (Josué 17:12-1, Jueces 1:27-29) y se volvieron a su maldad; por esta causa Dios los entregó en sus manos (Jueces 2:1-3, Jueces 2:12-14) y el pueblo de Israel habitó en medio de ellos (Jueces 3:5-7) y se hizo como ellos (Esdras 9:1,2).
Pero Dios en su misericordia recuerda a Israel (Abdías 17-21)
Tiempo para mi
Tiempo para mi
Este artículo lo leí en la página de Universo Cristiano y espero que sea de tanta bendición para muchas mujeres como lo ha sido para mi, y podamos gozarnos cada día en esta gran oportunidad que nos ha dado Dios para darnos y servir.
El mito del “tiempo para mí”
Por Amy Roberts. Escuché una vez al anfitrión de un “talk show” decir un argumento muy convincente del porqué las mamás necesitan tomar tiempo para sí mismas. Él decía que las madres dan y dan al punto de vaciarse. Entonces deben “re-cargarse” para poder seguir dando. A mí me pareció bastante razonable. Sin embargo comencé a cuestionarme ¿porqué en mi búsqueda de tener este “tiempo para mí” siempre terminaba sintiendo como que nunca era suficiente y siempre necesitaba más?
Mientras estaba en mi “tiempo libre” definitivamente me sentía renovada, pero en el momento en que llegaba a casa y me daba cuenta de que el fregadero aún seguía lleno de trastes sucios y que además todavía tenía que bañar a los niños antes de poder decir que el día había terminado, sentía ganas de dar media vuelta y volverme a salir.
Esto me dejaba sintiendo lástima de mi misma y lamentándome. ¿Por qué no podía tener una noche en que no tuviera que hacer las mismas cosas que hago TODAS las noches? ¿Por qué no podía llegar a una casa impecable y sin problemas en donde los trastes estuvieran limpios y los niños estuvieran ya durmiendo? ¿Por qué tenía que regresar a mis deberes tan pronto? Para castigar a aquellos quienes me hacían la vida difícil, lavaba los trastes con brusquedad mientras se golpeaban unos con otros haciendo ruido, entonces respondía a todos de manera cortante y los apuraba para poder acostar a los niños y entonces escapar a mi cuarto de costura o a la computadora por el tiempo que restaba de mi día.
A la mañana siguiente, sintiéndome insatisfecha con la cantidad de “tiempo para mí” que había tenido la tarde anterior, me servía mi café, me sentaba en la computadora e ignoraba completamente mis deberes diarios. Me irritaba con los niños porque sus “numeritos” estaban invadiendo MI tiempo. Estaba estresada, impaciente y desesperada. Mis hijos me decían: ¡mamá! Y yo respondía…”…no se encuentra en este momento”.
Entonces comencé a quedarme despierta hasta tarde para poder así tener un poco más de tiempo a solas. Tenía pavor de irme a dormir, porque eso significaba que al día siguiente despertaría sólo para atender a las necesidades de los niños y el desastre de una casa.
Comencé a sentirme cada vez más molesta por ver que mi esposo podía salir de su trabajo mientras que el mío nunca terminaba, además él tenía comidas y viajes de negocios ¡yo no! Para compensar lo que yo consideraba una INJUSTICIA, decidí no hacer nada durante los fines de semana: nada de lavar ropa, trastes, nada de ser mamá. Pronto mis fines de semana se convirtieron en una acumulación de trabajo para el resto de la semana. Todo esto solo sirvió para abrumarme cada vez más y alimentar mi deseo de escapar.
En un momento de claridad, de esos que solo el Señor puede darnos, vi lo que mi comportamiento estaba siendo verdaderamente: egoísmo. Junto con esta revelación vino también la convicción de dejar de buscar “tiempo para mí”.
El “tiempo para mí” es un mito. Es una mentira de la psicología, un “estado ideal” inalcanzable y lleno de interrupciones. El “tiempo para mí”, por propia definición, sugiere que esa persona quien soy durante mi rutina diaria no es en realidad la persona que soy. Nos incita a buscar satisfacción fuera de los títulos de “esposa” y “madre”. Acusa a nuestros preciosos pequeños y al esposo que Dios nos ha dado de anularnos. Reduce la maternidad a una enfermedad en la que esas pequeñas caritas sucias y la monotonía de la rutina diaria lentamente nos succionan la vida. Nos dice que nunca podremos sentirnos renovadas mientras estemos en la presencia de aquellos a quienes cuidamos durante el día y la noche. Señala un hueco en nuestro mundo que necesita ser llenado, un tanque que debe ser recargado con gasolina, un monstruo que nos tragará si no lo alimentamos con algo de “tiempo para mí”.
Entre más lugar damos a este pensamiento de que merecemos este tiempo para nosotras, más lo buscamos. Entre más lo buscamos, más breve nos parece cada vez que lo tenemos. La vida diaria de ser madre se convertirá en un trabajo de servicio doméstico, donde nosotras somos las empleadas. Huiremos de cada aspecto de este papel. Nos cerraremos a nuestros hijos cada vez que ellos intenten invadir nuestro valioso tiempo a solas. El no tener este tiempo arruinará nuestro día, y si logramos tener algo de él, ¡solo estaremos deseando volver a tenerlo!
Sin embargo, en cualquier mentira, hay una cierta cantidad de verdad escondida. Yo tenía la necesidad de ser llenada, pero presta atención: solo Dios puede llenarnos y darnos lo que verdaderamente necesitamos. Lamentaciones 3:24-25
Dejé de ver mi vida como si ser madre y esposa fuera un trabajo que termina al llegar la tarde y “cerrar el negocio”. Dejé de quejarme y comencé a vivir. Ahora busco formas para poder hacer de mis tareas diarias algo que disfruto, haciéndolas con gozo, como para el Señor. Colosenses 3:23
Estoy deleitándome en la belleza de mis hijos, tomándome el tiempo para verlos a los ojos, tomar sus manos y ser su mamá. Ahora estoy escuchando más y hablando menos. Estoy trabajando en supervisarme a mí misma para detectar cada vez que comienzo a sentirme desalentada o sobresaturada, buscando a Dios inmediatamente para renovarme y guardarme de pecar. Estoy encontrando contentamiento en servir a otros. Estoy comenzando a disfrutar el tiempo que paso con mis hijos simplemente siendo su mamá.
El tiempo que pasamos lejos de nuestra familia debe ser usado buscándole a Él, meditando en su palabra. Cualquier otra cosa que intentemos usar para llenar ese vacío será miserablemente pequeño. Job 12:13, Isaías 41:13, Josué 1:8
Asimismo, la compañía que busquemos durante este tiempo deberá ser de personas quienes nos ayuden a fortalecernos y ser edificadas en nuestro papel como esposa y madre, no para debilitar la base de nuestro hogar. A través del consejo de quienes nos alientan a buscar nuestra propia satisfacción, solo lograremos llenarnos de resentimiento.
Siempre habrá días en que tendremos la oportunidad de hacer cosas a solas o con otras mujeres, pero si tenemos contentamiento en el papel que Dios nos ha dado, entonces ya no nos aferraremos a esos momentos como la única forma de mantener nuestra salud mental. Nuestra necesidad de “tiempo para mí” se irá desvaneciendo al ir viendo la maternidad como una bendición de la que no desearemos escapar, sino abrazar con gozo. Salmos 90:12
Amy Roberts y su esposo Ty educan a sus hijos en el hogar y son padres de 6 niños. En febrero del 2008 su pequeña bebé Emily falleció a la edad de 7 meses, haciendo palpable la verdad de que el tiempo con nuestros hijos es demasiado corto para desperdiciarlo buscando nuestro tiempo a solas.
Pueden visitar el blog de Amy en http://raising-arrows.blogspot.com/
La página completa está en: http://www.universocristiano.com/articulos.phtml?id=9614
Este artículo lo leí en la página de Universo Cristiano y espero que sea de tanta bendición para muchas mujeres como lo ha sido para mi, y podamos gozarnos cada día en esta gran oportunidad que nos ha dado Dios para darnos y servir.
El mito del “tiempo para mí”
Por Amy Roberts. Escuché una vez al anfitrión de un “talk show” decir un argumento muy convincente del porqué las mamás necesitan tomar tiempo para sí mismas. Él decía que las madres dan y dan al punto de vaciarse. Entonces deben “re-cargarse” para poder seguir dando. A mí me pareció bastante razonable. Sin embargo comencé a cuestionarme ¿porqué en mi búsqueda de tener este “tiempo para mí” siempre terminaba sintiendo como que nunca era suficiente y siempre necesitaba más?
Mientras estaba en mi “tiempo libre” definitivamente me sentía renovada, pero en el momento en que llegaba a casa y me daba cuenta de que el fregadero aún seguía lleno de trastes sucios y que además todavía tenía que bañar a los niños antes de poder decir que el día había terminado, sentía ganas de dar media vuelta y volverme a salir.
Esto me dejaba sintiendo lástima de mi misma y lamentándome. ¿Por qué no podía tener una noche en que no tuviera que hacer las mismas cosas que hago TODAS las noches? ¿Por qué no podía llegar a una casa impecable y sin problemas en donde los trastes estuvieran limpios y los niños estuvieran ya durmiendo? ¿Por qué tenía que regresar a mis deberes tan pronto? Para castigar a aquellos quienes me hacían la vida difícil, lavaba los trastes con brusquedad mientras se golpeaban unos con otros haciendo ruido, entonces respondía a todos de manera cortante y los apuraba para poder acostar a los niños y entonces escapar a mi cuarto de costura o a la computadora por el tiempo que restaba de mi día.
A la mañana siguiente, sintiéndome insatisfecha con la cantidad de “tiempo para mí” que había tenido la tarde anterior, me servía mi café, me sentaba en la computadora e ignoraba completamente mis deberes diarios. Me irritaba con los niños porque sus “numeritos” estaban invadiendo MI tiempo. Estaba estresada, impaciente y desesperada. Mis hijos me decían: ¡mamá! Y yo respondía…”…no se encuentra en este momento”.
Entonces comencé a quedarme despierta hasta tarde para poder así tener un poco más de tiempo a solas. Tenía pavor de irme a dormir, porque eso significaba que al día siguiente despertaría sólo para atender a las necesidades de los niños y el desastre de una casa.
Comencé a sentirme cada vez más molesta por ver que mi esposo podía salir de su trabajo mientras que el mío nunca terminaba, además él tenía comidas y viajes de negocios ¡yo no! Para compensar lo que yo consideraba una INJUSTICIA, decidí no hacer nada durante los fines de semana: nada de lavar ropa, trastes, nada de ser mamá. Pronto mis fines de semana se convirtieron en una acumulación de trabajo para el resto de la semana. Todo esto solo sirvió para abrumarme cada vez más y alimentar mi deseo de escapar.
En un momento de claridad, de esos que solo el Señor puede darnos, vi lo que mi comportamiento estaba siendo verdaderamente: egoísmo. Junto con esta revelación vino también la convicción de dejar de buscar “tiempo para mí”.
El “tiempo para mí” es un mito. Es una mentira de la psicología, un “estado ideal” inalcanzable y lleno de interrupciones. El “tiempo para mí”, por propia definición, sugiere que esa persona quien soy durante mi rutina diaria no es en realidad la persona que soy. Nos incita a buscar satisfacción fuera de los títulos de “esposa” y “madre”. Acusa a nuestros preciosos pequeños y al esposo que Dios nos ha dado de anularnos. Reduce la maternidad a una enfermedad en la que esas pequeñas caritas sucias y la monotonía de la rutina diaria lentamente nos succionan la vida. Nos dice que nunca podremos sentirnos renovadas mientras estemos en la presencia de aquellos a quienes cuidamos durante el día y la noche. Señala un hueco en nuestro mundo que necesita ser llenado, un tanque que debe ser recargado con gasolina, un monstruo que nos tragará si no lo alimentamos con algo de “tiempo para mí”.
Entre más lugar damos a este pensamiento de que merecemos este tiempo para nosotras, más lo buscamos. Entre más lo buscamos, más breve nos parece cada vez que lo tenemos. La vida diaria de ser madre se convertirá en un trabajo de servicio doméstico, donde nosotras somos las empleadas. Huiremos de cada aspecto de este papel. Nos cerraremos a nuestros hijos cada vez que ellos intenten invadir nuestro valioso tiempo a solas. El no tener este tiempo arruinará nuestro día, y si logramos tener algo de él, ¡solo estaremos deseando volver a tenerlo!
Sin embargo, en cualquier mentira, hay una cierta cantidad de verdad escondida. Yo tenía la necesidad de ser llenada, pero presta atención: solo Dios puede llenarnos y darnos lo que verdaderamente necesitamos. Lamentaciones 3:24-25
Dejé de ver mi vida como si ser madre y esposa fuera un trabajo que termina al llegar la tarde y “cerrar el negocio”. Dejé de quejarme y comencé a vivir. Ahora busco formas para poder hacer de mis tareas diarias algo que disfruto, haciéndolas con gozo, como para el Señor. Colosenses 3:23
Estoy deleitándome en la belleza de mis hijos, tomándome el tiempo para verlos a los ojos, tomar sus manos y ser su mamá. Ahora estoy escuchando más y hablando menos. Estoy trabajando en supervisarme a mí misma para detectar cada vez que comienzo a sentirme desalentada o sobresaturada, buscando a Dios inmediatamente para renovarme y guardarme de pecar. Estoy encontrando contentamiento en servir a otros. Estoy comenzando a disfrutar el tiempo que paso con mis hijos simplemente siendo su mamá.
El tiempo que pasamos lejos de nuestra familia debe ser usado buscándole a Él, meditando en su palabra. Cualquier otra cosa que intentemos usar para llenar ese vacío será miserablemente pequeño. Job 12:13, Isaías 41:13, Josué 1:8
Asimismo, la compañía que busquemos durante este tiempo deberá ser de personas quienes nos ayuden a fortalecernos y ser edificadas en nuestro papel como esposa y madre, no para debilitar la base de nuestro hogar. A través del consejo de quienes nos alientan a buscar nuestra propia satisfacción, solo lograremos llenarnos de resentimiento.
Siempre habrá días en que tendremos la oportunidad de hacer cosas a solas o con otras mujeres, pero si tenemos contentamiento en el papel que Dios nos ha dado, entonces ya no nos aferraremos a esos momentos como la única forma de mantener nuestra salud mental. Nuestra necesidad de “tiempo para mí” se irá desvaneciendo al ir viendo la maternidad como una bendición de la que no desearemos escapar, sino abrazar con gozo. Salmos 90:12
Amy Roberts y su esposo Ty educan a sus hijos en el hogar y son padres de 6 niños. En febrero del 2008 su pequeña bebé Emily falleció a la edad de 7 meses, haciendo palpable la verdad de que el tiempo con nuestros hijos es demasiado corto para desperdiciarlo buscando nuestro tiempo a solas.
Pueden visitar el blog de Amy en http://raising-arrows.blogspot.com/
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